A vergonha do carlinhos
A pesar de generar trascendental irritación, es bueno tomarse unos segundos para esgrimir ciertas conclusiones que se desprenden de la propaganda de AFIP, también conocida como “la del boludo que dice tudu bom, tudu legal”.Al margen de lo chupamedias que queda el empleado que grita “bieeen don carlos”, al margen de que es obvio que don Carlos (como otros tantos empleadores), sumido en su crisis de 2003, probablemente hubiera hecho lock-out patronal y al carajo tito y compañía, al margen de etcétera. La idea de incentivar el blanqueo de personal puede ser leída al revés, interpretando que para “salvar el boliche” (1) la mejor manera es negrear a los empleados, una antiquísima manera de acrecentar las ganancias a expensas de salarios bajos, incremento de horas e intensidad del trabajo y evasión fiscal (o por medio de políticas flexibles y permeables para el oligarca), demostrando que si algo puede funcionar tanto tiempo fuera de las leyes que el Estado debe vigilar es por la sencilla razón que el poder se concentra en manos de los poseedores de los medios de producción, profundamente vinculados al Estado, al cual dominan imponiendo las reglas del juego, en pos de repartir de alguna manera impúdica las ganancias.
En sí, la humanización del patrón, muestra un guiño cómplice. Una ejemplificación berreta de éste hace todo políticamente correcto, sin cuestionamientos a los medios por los cuales acrecienta su capital y sin poner en cuestión el por qué de su fuerza política (influencias económicas).
Ahora bien, qué hacemos con la contradicción de un Estado que se la pasa evadiendo los costos de las cargas sociales y previsionales empleando personal contratado? La contratación irregular en el ámbito estatal es más conocida que la mugre, contratos ilícitos, no regidos por la ley de empleo público, que dejan entrever un tufo de proyecto privatizador de otro “don Carlos”, allá por los noventa. Aparte, no se podría entrever que los fondos recaudados por el blanqueo serían utilizados para otros fines? Campañas electorales como opción al estilo “asociación libre”… además de su uso en planes y ayuda comunitaria, aunque siguiendo esta tendencia de asociar es difícil que no se imponga la palabra “clientelismo”.




